lunes, 30 de abril de 2007

El baile

Pierre-Auguste Renoir (1841-1919)

Tú me sueñas y yo sueño contigo.
Ambos en un salón muy elegante,
abrazados, bailando, emocionados.
Con los ojos brillantes y la piel erizada,
las miradas cargadas de deseo.
Mis tacones de vértigo consiguiendo el milagro
de aproximar mis labios a tu oído.
No escuchamos la música, no vemos a la gente,
no importa nada más que ese reencuentro.
Nos sentimos felices como niños,
primarios y excitados como bestias en celo.
Cuando la negra vida nos despierte,
a diferentes horas y en diferentes camas,
la ansiedad y el dolor volverán a atraparnos
y nuestros sueños sólo serán sueños.

Amalia Bautista (1962 - )

jueves, 5 de abril de 2007

Tu pupila es azul

Lord Frederick Leighton (1830-1896)

Tu pupila es azul, y cuando ríes,
su claridad suave me recuerda
el trémulo fulgor de la mañana
que en el mar se refleja.

Tu pupila es azul, y cuando lloras,
las transparentes lágrimas en ella
se me figuran gotas de rocío
sobre una violeta.

Tu pupila es azul, y si en su fondo
como un punto de luz radia una idea,
me parece en el cielo de la tarde
¡una perdida estrella!

Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

viernes, 23 de marzo de 2007

Espera

Carl Vilhelm Holsoe (1863-1935)

Te esperé con la sangre detenida
sobre el silencio en ascuas de tu ausencia.
Te esperé soportando la existencia
como un lebrel al pie de tu partida.

Te esperé casi al borde de la herida
y a dos pasos no más de la demencia.
Te esperé en la angustiosa transparencia
de aquella noche en el reloj vencida.

Pero que inútil la mortal espera:
Sin pensarlo cité la primavera
cuando el invierno helaba mis rosales.

Y hoy que casi olvidaba tu presencia,
me estoy enamorando de tu ausencia
a través de mis propios madrigales.

Jorge Robledo Ortiz (1917-1990)

La madre triste

Virginie Demont Breton (1859-1935)


Duerme, duerme, dueño mío,
sin zozobra, sin temor,
aunque no se duerma mi alma,
aunque no descanse yo.

Duerme, duerme y en la noche
seas tú menos rumor
que la hoja de la hierba,
que la seda del vellón.

Duerma en ti la carne mía,
mi zozobra, mi temblor.
En ti ciérrense mis ojos:
¡duerma en ti mi corazón!.

Gabriela Mistral (1889-1957)

lunes, 19 de marzo de 2007

La buenaventura

Caravaggio - Michelangelo Merisi (1571-1610)

Ojalá tengas suerte –me dijo-
y te avise el cuerpo
antes de ser aleatoria presencia cabizbaja
buscando palabras en un vertedero.

Ojalá no sientas lo cercano a la vergüenza
tentándote en los bolsillos un horizonte vacío
o la carga indefinible del hartazgo,
ojalá.

No sabría explicarlo,
no soy poeta
pero… ojalá tengas suerte, sumando renuncias
sin que te traiciona la memoria de lo vivo
y de las horas que asustan.

Ojalá, en cada desaliento
no se te escapen todos los años juntos.
y si así fuera,
ojalá nunca… nunca pierdas,

la VIDA

sábado, 3 de febrero de 2007

¿Ves esa rosa que tan bella y pura...?

Brian Davis (1946- )

¿Ves esa rosa que tan bella y pura
amaneció a ser reina de las flores?
Pues aunque armó de espinas sus colores,
defendida vivió, mas no segura.

A tu deidad enigma sea no obscura,
dejándose vencer, porque no ignores
que aunque armes tu hermosura de rigores,
no armarás de imposibles tu hermosura.

Si esa rosa gozarse no dejara,
en el botón donde nació muriera
y en él pompa y fragancia malograra.

Rinde pues, tu hermosura, y considera
cuánto fuera rigor que se ignorara
la edad de tu florida primavera.

Calderón de la Barca (1600-1681)

domingo, 31 de diciembre de 2006

Nostalgia

Frederick McCubbin (1855-1917)

Hace ya diez años
que recorro el mundo.
¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!
Quien vive de prisa no vive de veras,
quien no echa raíces no puede dar frutos.
Ser río que corre, ser nube que pasa,
sin dejar recuerdo ni rastro ninguno,
es triste, y más triste para quien se siente
nube en lo elevado, río en lo profundo.
Quisiera ser árbol mejor que ser ave,
quisiera ser leño mejor que ser humo;
y al viaje que cansa
prefiero el terruño;
la ciudad nativa con sus campesinos,
arcaicos balcones, portales vetustos
y calles estrechas, como si las casas
tampoco quisieran separarse mucho….
Estoy en la orilla
de un sendero abrupto.
Miro la serpiente de la carretera
que en cada montaña da vueltas a un nudo;
y entonces comprendo que el camino es largo,
que el terreno es brusco,
que la cuesta es ardua,
que el paisaje es mustio…
¡Señor! ¡Ya me canso de viajar! ¡Ya siento
nostalgia, ya ansío descansar muy junto
de los míos…! Todos rodearán mi asiento
para que les diga mis penas y triunfos;
y yo, a la manera del que recorriera
un álbum de cromos, contaré con gusto
las mil y una noches de mis aventuras
y acabaré en esta frase de infortunio:
-¡He vivido poco!
¡Me he cansado mucho!

José Santos Chocano (1867-1935)

Entre la soledad y el deseo

Paul Louis Delance (1848-1924)

Peligrosamente me paseo
a la orilla de la soledad.
Con unas ganas locas de tirarme,
pero sé nadar.

Inoportunamente viene alguien;
me escondo,
le veo pasar,
se me quita la gana de momento,
la gana de callar…..
Después sigo trepando el espinoso
y atractivo risco
de la soledad.

Gloria Fuertes (1917-1998)

La pipa

Thomas H. Hope (1832-1916)

Soy la pipa de un escritor:
dice bien claro mi pergeño
de cafre, que tengo por dueño
un refinado fumador.

Al agobio de su labor
se agita mi flabel risueño
igual que el penacho hogareño
a la vuelta del labrador.

Mecer su corazón yo gusto
en el móvil azul arbusto
nacido en mi boca de fuego.

Y extiendo con mi beso ardiente
sobre su espíritu doliente
unción de encanto y de sosiego.

Charles Baudelaire (1821-1867)

jueves, 7 de diciembre de 2006

Anhelos

Isabel Guerra (1947- )

Agua quisiera ser, luz y alma mía,
que con su transparencia te brindara;
porque tu dulce boca me gustara,
no apagaría tu sed, la encendería.

Viento quisiera ser; en noche umbría,
callado hasta tu lecho penetrara,
y aspirar por tus labios me dejara,
y mi vida en la tuya infundiría.

Fuego quisiera ser para abrasarte
en un volcán de amor. ¡Oh estatua inerte,
sorda a las quejas de quien supo amarte!.

Y después para siempre poseerte,
tierra quisiera ser y disputarte
celoso a la codicia de la muerte.

Francisco Rodríguez Marín (1855-1943)