John William Waterhouse (1849-1917)
Mienten ambos,
olvido y recuerdo, mienten.
Al uno amo en su constante ausencia.
Al otro, presencia demorada amo,
con la laxitud de la tarde
en retirada.
Dos expresiones del arte que pueden viajar juntas
John William Waterhouse (1849-1917)
Mienten ambos,
olvido y recuerdo, mienten.
Al uno amo en su constante ausencia.
Al otro, presencia demorada amo,
con la laxitud de la tarde
en retirada.
En su grave rincón, los felinos
rigen su destino. El silencio
los devuelve al alba
en la sutil quietud de las horas.
Adentro irradian mágicos fulgores
los ojos, las uñas afiladas,
blancos colmillos, pupila vertical
que vigila el mundo.
Gato observador, independiente,
amigo,
gato prisionero del tiempo y sueño consumido.
Entre noches negras y blancos días
me acompañas,
y en tu calor, cuando el tiempo en su rigor
nos señala,
me acomodo al son de tu música,
mágico ronroneo de sueños infinito.
Teo Basterra (1961 - )
Edward Hopper (1882-1967)
Llevo el mar impregnado en mis ojos
y la cálida brisa de un agosto lejano
enganchada en los poros de mi piel.
Nací, cuando los años eran maletas
sujetas con cuerdas apenas salidas del hambre,
los gastados zapatos plumas sobre la tierra.
De mi adolescencia me quedan acordes
disconformes, saltando de boca en boca
puños en alto ante la barbarie
y moratones nacidos de la vorágine que mezcla
libertad con libertinaje.
Hasta aquí me han traído los vientos
de una vida acumulando baúles
donde guardo con celo horas de experiencia
días de luz y candelabros de ausencias.
Se supone que es la madurez
mi actual compañera
el camino recorrido mi cómplice
y el reloj, mi enemigo.
Llevo en mi alma, las mismas dosis
de lucha que de olvido.
René Magritte (1898-1967)
Me gustaría volar,
hacia donde el sol
se esconde en el mar,
y buscar su cobijo.
Me gustaría ser ola
y jugar con las sirenas,
navegar por el mar
hasta la playa.
Me gustaría ser tierra
donde, en los árboles, las hojas
le hacen el amor al viento,
y la lluvia fresca llega
como un orgasmo.
Me gustaría ser aire
y correr y volar
y nadar y amar.
En el aire
quiero ser tu aire..
Meigo
Vincent van Gogh (1853-1890)
Si ya no vienes, ¿ para qué te aguardo?
Y si te aguardo, di por qué no vienes,
verde y lozana zarza que mantienes
sin consumirte el fuego donde ardo.
Cuánto tardas, amor, y cuánto tardo
en rescindir los extinguidos bienes.
Ya quién me salve no lo sé, ni quienes
clavan el alma dardo sobre dardo.
A la mañana, que se vuelve oscura,
sigue la noche, que se vuelve clara
a solas con tu sed, que hiere y cura.
No quisiera pensar si no pensara
que, privado que fui de tu hermosura,
me olvidara de mí si te olvidara.
Antonio Gala (1936- )
Francisco José de Goya y Lucientes (1746-1828)
Es como el Dios del Viejo Testamento,
cabalgando el corcel de la tormenta,
el pánico a su avance se acrecienta,
el ciclón es el aire de su aliento.
Anárquico hormiguero en movimiento,
gentes, carruajes, bestias, turbulenta
caravana de pueblos, harapienta,
en atropello huyendo lo violento.
Alborotado mar humano, ciego,
bajo cielo de vómitos de fuego
amagando catástrofe inminente.
La turba no razona, se abalanza,
no entiende que no hay monstruo en lontananza,
que el monstruo del terror yace en la mente.
Francisco Álvarez Hidalgo
Nota: En esta ocasión, la conjunción de cuadro y poema, no es obra mía, Francisco escribió este soneto precisamente para esta pintura de Goya y por lo tanto me cedió todo el conjunto.
Isabel Navarro Verdú
Azul como el delirio, azul como la hora
en que cruza tu sombra mi fiebre desvelada;
azul como el más bello cuento de Scherezada,
azul como la noche de una leyenda mora.
Azul como la llama convulsa que devora
la mirra alucinante de la orgía sagrada,
parece que de todo lo azul fuese formada
la veste que te ciñe sensual y triunfadora.
De cálidas neblinas irrigan un paisaje
fugaz y caprichoso los visos de tu traje;
el aire entre sus pliegues tornasola suspiros…
Y bajo la tormenta que aviva el sortilegio,
tu cuerpo resplandece, desnudo, lácteo, egregio,
prisionero en un móvil palacio de zafiros.
Carlos López Narváez (1897-1971)
Nota: Esta es la primera vez que un pintor, en este caso pintora, me ofrece uno de sus cuadros para acompañar a un texto, ya que hasta el momento las colaboraciones siempre fueron de poemas.
Henri Joseph Harpiguies (1819-1916)
Bajo tus ramas, árbol acogedor
dejaré letras de agradecimiento
transmitiré sones de sentimiento
de protección sentida a tu alrededor.
Traslado ante ti mis miedos, sabedor
que el tiempo madurará lo que siento.
Entre tus hojas sin tiempo, contento
te hago de mis sombras tierno valedor.
El viento refresque en la noche tus hojas
el rocío al alba te haga brillar
te caliente el sol tibio del mediodía
la tarde, el cielo de luces rojas
anunciando la noche, logre conciliar
tus sueños y tu vida en armonía.
Alberto Pasini (1826-1899)
Acompaño a mi madre
hasta el suq al-Attarin,
cerca de la Mezquita.
Pide hierbas de olor para las sábanas,
olíbano que arome mi alhanía,
el benjuí que proteja
nuestro pecho en invierno,
alezna que dé gusto
a los tiernos pichones,
azafrán y cominos
que con ajos recubran
el pescado del año,
soconusco y vainilla
del racahut en las tardes más frescas.
Tanto olor, cual si me desvaneciera…
Carísimos polvillos y semillas
que se lleva mi madre
y yo, sin pensamiento,
salgo casi dormida de las tiendas,
hurtada a los aromas
por mi voraz señor.
Ogigia
Jozef Israëls (1824-1911)
Sembraré sueños de esperanza
esta noche sin bolero.
Anidaré en la playa de mi vida
tu presencia,
con la luz de tu amistad
por siempre...
Recogeré el plantel
con semilla de fe,
porque por muy lejos que te halles
de mi morada
a ciegas sabrás recorrer el sendero
que te devolverá de nuevo a mi,
Esperaré mirando al mar
y en mi regazo
saborearé el recuerdo
hasta que tú decidas regresar.
Darilea