domingo, 2 de mayo de 2010

El río enamorado

José del Riego (1960- )


De la roca brotó tímidamente,
miró al sol, asomando la cabeza,
poco a poco mostró su gran destreza
resbalando por ella dulcemente.

El agua cristalina, mansamente,
aumentó su caudal y su nobleza,
se convirtió en un río, sin pereza,
que jubiloso fue al mar alegremente.

El mar, que era mujer, le recibió,
mezclándose la sal con la dulzura
que el río como amante le ofreció.

Y abrazados los dos con gran ternura,
a la sal de su amada se entregó
por siempre y para siempre en su ventura…


Sofía Martínez Avellaneda

domingo, 25 de abril de 2010

Aquellos pinceles

Felipe Santamans (1951- )


Miro los viejos pinceles usados,
gastados de crear vida y esperanza
sobre la tela azotada por años
de olvido, endurecido y frío
que construye mi piel envejecida.

Quiero sentir de nuevo el vigoroso
aroma de óleo fresco y trementina,
de trapaza manchada de pintura,
de humo gris de cigarro encendido,
de tu cuerpo claro y desnudo.

Quiero que la música me acompañe
en el loco deseo de alcanzarte,
y que el color llene de luz tus ojos,
y que tu melancólica belleza
se irradie en el aire y en los sueños,
y la pintura mía quede prendada
de tu boca, de tu ombligo y tus senos.

Pintura inacabada, lienzo aún blanco,
paleta de pintura acumulada
que el polvo, insensible a los sueños, mata.

Pinceles sucios ha tiempo olvidados,
pinceles de sueños inacabados,
pinceles de pobre juventud ya ida,
pinceles solitarios, secos, yermos.

Pinceles que deseo tomar de nuevo
y manchar mis torpes dedos cansados
de no crear, de estar y no ser nada.


Teo Basterra (1961- )

domingo, 18 de abril de 2010

En que da moral censura a una rosa, y en ella a sus semejantes.

Alberto Morago (1957- )

Rosa divina que en gentil cultura
eres, con tu fragante sutileza,
magisterio purpúreo en la belleza,
enseñanza nevada a la hermosura.

Amago de la humana arquitectura,
ejemplo de la vana gentileza,
en cuyo ser unió naturaleza
la cuna alegre y triste sepultura.

¡Cuán altiva en tu pompa, presumida,
soberbia, el riesgo de morir desdeñas,
y luego desmayada y encogida

de tu caduco ser das mustias señas,
con que con docta muerte y necia vida,
viviendo engañas y muriendo enseñas!


Sor Juana Inés de la Cruz (1651-1695)

domingo, 11 de abril de 2010

Serena madurez

Louis Charles Moeller (1855-1930)


Seguimos siendo dos, nada ha cambiado
a pesar de los años transcurridos,
de los sueños ganados o perdidos,
de la vida, mi amor, que hayamos dado.
Seguimos siendo dos, solo ha menguado
la pasión juvenil que antaño fuera
fecundo amanecer, la primavera
que hoy pueblan ya las flores otoñales.
Y es tierno atardecer tras los cristales
de nuestra unión serena y placentera.

Mario Martínez (1949- )

domingo, 4 de abril de 2010

Balada de la estrella

Alfred Stevens (1828-1906)

-Estrella, estoy triste.
Tú dime si otra
como mi alma viste.
-Hay otra más triste.

-Estoy sola, estrella.
Di a mi alma si existe
otra como ella.
- Si, dice la estrella.

- Contempla mi llanto.
Dime si otra lleva
de lágrimas manto.
- En otra hay más llanto.

- Di quién es la triste,
di quien es la sola,
si la conociste.

- Soy yo, la que encanto,
soy yo la que tengo
mi luz hecha llanto.


Gabriela Mistral (1889-1957)

domingo, 21 de marzo de 2010

Cumpleaños

Pablo Ruiz Picasso (1881-1973)


Yo lo noto: cómo me voy volviendo
menos cierto, confuso,
disolviéndome en el aire
cotidiano, burdo
jirón de mi, deshilachado
y roto por los puños.

Yo comprendo: he vivido
un año más, y eso es muy duro.
¡Mover el corazón todos los días
casi cien veces por minuto!

Para vivir un año es necesario
morirse muchas veces mucho.


Ángel González (1925-2008)

domingo, 14 de marzo de 2010

La silla que ahora nadie ocupa

Iván Quesada

Con la vista clavada sobre la copa
se halla abstraído el padre desde hace rato;
pocos momentos hace rechazó el plato
del cual apenas quiso probar la sopa.

De tiempo en tiempo, casi furtivamente,
llega en silencio alguna que otra mirada
hasta la vieja silla desocupada
que alguien, de olvidadizo, colocó en frente.

Y, mientras se ensombrecen todas las caras,
cesa de pronto el ruido de las cucharas
porque insistentemente, como empujado

por esa idea fija que no se va,
el menor de los chicos ha preguntado
cuándo será el regreso de la mamá.


Evaristo Carriego (1883-1912)


domingo, 7 de marzo de 2010

Mujer en el andén

Paul Delvaux (1897-1994)

Mujer en el andén, quemando esperas,
en pausado, monótono paseo,
qué callada quietud de mausoleo
alza a tu alrededor densas barreras.

Las horas se suceden, desesperas;
trenes en reincidente martilleo
de frenos, llegan y se van; flirteo
de nostalgia y pesar. Ah, si supieras….

Si supieras que no habrá pasajero
ávido rastreando el hervidero
del gentío, buscando tu semblante.

Si supieras qué tarde es ya en tu día,
cómo viene la noche, tan sombría,
qué distante está el alba, que distante.

Francisco Álvarez Hidalgo

Nota: Gracias a Carmensabes por proporcionarme este cuadro de Paul Delvaux.

domingo, 28 de febrero de 2010

Con tacones altos

David Shterenberg (1881-1948)

Y yo llevaba un gorro
muy moderno. Parecía
una extraña cazuela.
Unos tacones leves y muy altos.
Un abrigo atrevido.
Unos guantes y un bolso de color avellana.
Los labios y los ojos pintarrajeados.
No debía de ir mal.

Las mujeres
volvían la cabeza
para mirar la hechura del abrigo.
Los hombres….

Pero yo,
bajo la piel y aquella vestidura de comparsa,
llevaba otro ropaje de un tejido muy denso. Era de angustia.

Y añoré
mi pelo suelto, mis zapatos bajos,
mi abrigo deportivo,
mi tez morena, solamente al agua.

Tú me veías, Dios. Y cómo hablamos.
Yo te decía
que estaba muy ridícula con todo aquello.
Tú dijiste que si.
Y compartiste
el tan amargo leve movimiento
de mis labios oblicuos.


María Elvira Lacaci (1928-1997)


domingo, 21 de febrero de 2010

Hoy no puedo morirme

Evelyn de Morgan (1855-1919)


Hoy no puedo morirme.
Lo siento, mas no tengo
tiempo para perderlo con tus pequeñas cosas.
He dejado inconclusas
mil emociones nuevas que no admiten demora,
ilusiones tardías que buscan en el alma
rincones donde asirse,
recuerdos que he logrado
rescatar ayer mismo de la esquiva memoria.
Aún debo mis disculpas
a varios conocidos a los que sin quererlo
herí con la torpeza de mi arrogancia altiva,
con el gesto iracundo
o la injusta palabra.
Aún debo aclarar cosas que a menudo me inquietan,
como si Dios existe
o la verdad es eterna,
si fue feliz mi vida, si mereció la pena
tribulaciones, llantos,
tanta renuncia expresa que atrás fuimos dejando.
¡Que no puedo morirme!
¡Me da igual si te empeñas!, tengo fechas pendientes.
Quiero ver como un día trepa la verde hiedra
que sembré la otra tarde a la sombra del patio.
Quiero saber si el nido del árbol de la plaza
que despobló el invierno,
se llena de gorriones allá por primavera.
Y tengo que decirle a mi mujer te quiero
más de doscientas veces,
todas las que el silencio de una manera absurda
me congeló en los labios;
y decirle a mis hijos
que es el amor quien dicta cada paso que he dado,
y saberlos felices en un mundo que luce
fanal de desencantos.
Tengo varios poemas a falta de unos versos,
un corazón que siente,
una mente que piensa,
y unos viejos oídos que esperan derretirse
cuando oigan la dulzura de la palabra abuelo.
Así que ya ves, muerte, no es el mejor momento.
Marcha y vuelve otro día,
cuando pase algún tiempo,
cuando me sienta inútil
y tenga el alma toda repleta de silencios.

Mario Martínez (1949 - )