domingo, 4 de julio de 2010

El mar

Clarkson Stanfield (1793-1867)

El mar, el mar siempre ha sido
el que me quito el pesar;
siempre he olvidado en el mar
lo que en la tierra he sufrido.
Capitán: estoy herido
y a ver mi herida no acierto.
Me curo en el mar abierto,
voy un amor olvidando
y arribo después cantando
con otro amor a otro puerto


Alfonso Camín (1890-1982)

domingo, 27 de junio de 2010

La taza de Silesia

Walter Granville Smith (1870-1938)

En sus bordes los labios se detienen.
Es hermosa la taza,
con cenefa de rosas
y dorado filo.
Aromas de café, cantueso y menta, son más intensos,
porque la taza en honda.
La miro rosa a rosa,
y me produce gozo
el color y la forma;
el saber que otros labios
han podido apreciar este refugio,
que otros ojos se han deleitado.
Sobre la mesa no es un objeto más,
no es el adorno.
Lleva tras sí miradas,
manos
labios.
Quizás un último suspiro,
un último sorbo,
o el hastío de las tardes.


Dionisia García (1929- )

domingo, 20 de junio de 2010

Désir de rivage (El deseo de la orilla)

Peder Severin Kroyer (1851-1909)

El aire es una pluma plateada
que silenciosa pincela
en la calma flotante
el deseo de la orilla.

Qué delicadamente se vacían
las huellas en la arena….
¿Qué adónde van Anna y Marie?

Grávidas de poder secreto pasean
embebidas de mar y de cielo
hacia un horizonte limpio
de zafiros transparentes.

Atrás queda el bullicio apacible
en el pueblo de casitas amarillas,
como siluetas de sal avanzan
al recreo de una luz atardecida y vagarosa
ribeteando con sus faldas la lengua de arena.

Y con el primor que usaba la belleza
revelan en la cintura sus lazos,
la fraternal sustancia
de sus confidencias.


Mª Antonia Maroto Urones

domingo, 13 de junio de 2010

Oración

Alexander Andreevich Ivanov (1806-1858)


Perdóname Señor por mi pecado
de amar mucho, sin tino, sin recato,
Tu dictamen, humilde, siempre acato,
mas por favor acógeme a Tu lado.

Quiero marchar a ti, lo he meditado
pues no soporto más este mandato,
desánimo cruel en que me abato,
sólo quiero morir, triste mi hado.

Si decido marchar, perdóname,
mas no puedo seguir en mi amargura,
en mi desgracia cruel, acógeme.

Yo supe del amor, de su locura,
y loca me volví, entiéndeme,
una loca no sabe de cordura.

Sofía Martínez Avellaneda

domingo, 6 de junio de 2010

Balada a Norma Jean

Ricardo Asensio (1949- )

Rubia como la luz te descubrimos
un día, Norma Jean, y eras la luz.
Cuerpo desnudo en la más pura desnudez.
Los ojos azules, tan azules, de niña abandonada.

Pobre, pequeña Norma, tan sencilla,
como una rebanada de pan recién cocido,
como un vaso de leche dulce y tibia,
con tu risa de flor y limonada.

Creciste pobre y bella, e ignorante.
Para nuestro recreo y para tu desgracia.
Te desnudaron aún más, hasta la última
piel, sinceramente tuya, pura y cálida.

Te pusieron un nombre nuevo, una nueva risa,
diferente a la tuya, limpia y clara.
En tus suaves labios, pintados de granate,
la voz sonaba falsa.

Te cubrieron de pieles, de ceñidos vestidos,
Chanel nº 5, satén y muselinas.
Visiones y ambiciones de pequeña estarlet.
Pobre, pequeña , dulce Norma Jean,
detrás de toda aquella mentira luminosa
te estaban enterrando.

Nosotros te mirábamos en la pantalla grande.
Hermosa, tan hermosa, como una rosa extraña.
Reías y cantabas y movías el cuerpo
como te habían dicho que lo hicieras.

Mas todo era un engaño.
Tú eras más verdadera en tu belleza
con tu rostro desnudo de maquillaje y sombras,
con tu cuerpo de niña que creció demasiado.

Te descubrimos tarde, ay, demasiado tarde.
(Sólo el cabello rubio, bajo la tela blanca),
y ese día, estremecidos y sin voz lloramos,
oh dulce Norma Jean, y rogamos por ti.


Pino Betancor (1928-2003)

domingo, 30 de mayo de 2010

Caminos

José del Riego (1960- )


Yo soñé un día caminos,
caminos de libertad.
Soñé caminos muy largos
donde poder caminar.
Recorrí algunos caminos
y encontré la soledad,
más no cejé en el empeño
y cogí otros para andar.
Recorrí dichos caminos
para empezar a buscar,
más no hallé lo que buscaba,
que era mi felicidad.
Fue al final de otro camino
que una voz me dijo sin más:
“No existen ya más caminos
para quien no quiere andar”.
Yo soñé un día caminos,
buscando algo más allá
y me encontré a mi mismo
camino de la verdad.

Patricio Nájera (1953- )

domingo, 23 de mayo de 2010

Estas cuatro paredes

Wilhelm Hammershoi (1864-1916)

Estas cuatro paredes
me envuelven blandamente, como un lienzo
tejido con espumas,
en las noches de cálidos recuerdos.
Por sus poros inertes
de ladrillo y cemento,
penetran las pupilas de la luna.
Y me miran, rozándome,
sus destellos de luz, nevadas plumas.

Por la espiral de plata de un anhelo,
intangibles imágenes descienden
y trenzan con mis sueños largas danzas.

Esas cuatro paredes me conocen,
más, mejor que yo misma.
Saturadas están de pensamientos,
de risas y de lágrimas.
Como la madreselva, perfumadas
intensamente, con mi propio aliento.
Empapadas del eco de mi voz
como una tierra fértil,
después de haber gustado largamente
húmedos pedacitos de las nubes.
Alimentadas con el pan constante
de mi presencia, alma,
y mi presencia, cuerpo,
palpitan en su carne muda y fría,
horas largas y azules de mis noches
pedazos de mis días.


Cristina Lacasa (1929- )

domingo, 16 de mayo de 2010

Su mirada

Teo Basterra (1961- )

Los ojos de aquella mujer
eran aleteos de manzanos
en la línea incompleta
de mi habitación.
Eran lluvia errante o un rayo de luz,
dos flores de lágrimas profundas,
un cielo herido,
islas a la deriva,
pupilas frágiles llenas
de palabras inolvidables.

¡Cuánta desnudez muestran sus ojos!
En el silencio.
Silencio que seduce y absorbe,
que no ignora los versos secretos
escritos con lápices romos,
con tinta de roja espuma eterna.

Y su sonrisa redondea la luz de la tarde.

Quisiera estar siempre
mirando los mismos ojos,
la misma luz dispersa,
inalcanzable y tenue.

Mi amor es demasiado
grande para esconderlo
en el corazón de un pájaro.

Mi amor es demasiado
pequeño para sus manos.

¿De dónde ha venido esta mujer
que da cobijo a todos los nombres?

Sólo la voz de su mirada
conoce los ecos de mi locura.

¡No la he amado bastante!


Teo Basterra (1961- )

domingo, 9 de mayo de 2010

Canción al niño pobre

Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682)


¡Ay, mi dolor pordiosero
tu voz y tu figura
me tienen robado el sueño!

Quiero cantar mi nana
al niño pobre y hambriento
que busca entre basuras
migajas de pan reseco.
Cantar quiero y canto
con los pulmones abiertos
para que entre despacio
aire puro y bien fresco.
Cantar quiero y canto
con las fuerzas que hoy puedo
a vosotros que tenéis
el corazón casi yerto.

¡Ay, mi dolor pordiosero!

Duérmete, mi triste niño,
con luz de tibios luceros
que los oídos del rico
están llenos de cemento.
Mientras tú padeces hambre
y tu destino es incierto
ellos tienen cada día
sus bolsillos más repletos.
¡Y dicen que hay equidad
y un buen dios justiciero!
pues que se deje de alturas
y baje a ras de suelo
y consuele para siempre
a mi niño pordiosero.

Quiero cantar muy fuerte
con las olas y los vientos
con las nubes pasajeras
con las flores de los huertos
con los jazmines nevados
con los rayos y los truenos
con las violetas del monte
a mi niño pordiosero,
aquel que tiene vacío
su corazón y su cuerpo.
Su corazón de amor
y su cuerpo de pan tierno.

¡Ay, mi dolor pordiosero
tu voz y tu figura
me tienen robado del sueño!


Miguel Correas (1947- )

domingo, 2 de mayo de 2010

El río enamorado

José del Riego (1960- )


De la roca brotó tímidamente,
miró al sol, asomando la cabeza,
poco a poco mostró su gran destreza
resbalando por ella dulcemente.

El agua cristalina, mansamente,
aumentó su caudal y su nobleza,
se convirtió en un río, sin pereza,
que jubiloso fue al mar alegremente.

El mar, que era mujer, le recibió,
mezclándose la sal con la dulzura
que el río como amante le ofreció.

Y abrazados los dos con gran ternura,
a la sal de su amada se entregó
por siempre y para siempre en su ventura…


Sofía Martínez Avellaneda