domingo, 14 de noviembre de 2010

No me quites las canas


Jean Caron


No me quites las canas
Que son mi nobleza:
Cada cana es la huella de un rayo
Que pasó, sin doblar mi cabeza.

Dame un beso en las canas, mi niña:
¡Que son mi nobleza!


José Martí (1853-1895)

domingo, 7 de noviembre de 2010

Que no se acabe nunca


Vincent van Gogh (1853-1890)


Que no se acabe nunca este camino
por el que andamos juntos.
Que no lleguemos nunca
a donde vamos.
Doy un paso tras otro
y bien quisiera,
que los tuyos ¡tan largos!
se pararan.
Y quedarnos aquí, el uno frente al otro,
mirándonos.


domingo, 31 de octubre de 2010

El felino y los perros


Briton Rivière (1840-1920)


Tanto se elonga el felino,
estirando la cautela
que en el filo de la tapia
todo es gato y es sigilo,
a la par que exhalación.
Se anticipa cual centella
al estruendo de ladridos.
¿Acrobacia o mimetismo?...

Mas no se engañan los canes,
sabida es su afición
a recrearse en la gresca
-si es un gato tentación-
cruzándose en su camino;
no hay señuelo que venteen,
con tanta animadversión:

Si empeño pone el que gruñe,
otro arrufa enajenado
y un tercero, obsesionado,
repite sus volatines
como pelota de goma.
Por ventura para el gato,
el ímpetu del podenco
a gaticidad no alcanza…
y ocasión tendrá el minino
de jugar sus siete vidas,
antes de alcanzar refugio,
en cualesquier otra esquina.
Más que trifulca es reyerta.
¡Sabrá Dios, por qué porfían!
Si no hay gazuza que incite
a acorralar al minino…
¿Qué cuentas no saldarían
entre sí- gatos y perros-
acaso
en sus otras vidas?.


domingo, 24 de octubre de 2010

Tú eras el huracán…


Rossend Franch (1934- )


Tú eras el huracán, y yo la alta
torre que desafía su poder.
¡Tenías que estrellarte o abatirme!...
¡No pudo ser!

Tú eras el Océano y yo la enhiesta
roca que firme aguarda su vaivén:
¡Tenías que romperte o que arrancarme!...
¡No pudo ser!

Hermosa tú, yo altivo; acostumbrados
uno a arrollar, el otro a no ceder;
la senda estrecha, inevitable el choque…
¡No pudo ser!


Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

domingo, 17 de octubre de 2010

Amanecer na quintana


Alfonso Iglesias López de Vivigo (1910-1978)


Asoma´l sol el focicu
al riscar de la mañana,
y como´l gran condenau
no tién respetu de nada,
ye la so primer llabor
colase por la ventana
y dir besar a la moza
que ta durmiendo na cama.

Dispués enunda de lluz
el cielo de la quintana.

Canta´l gallu en gallineru,
rebuzna´l burru na cuadra,
y un páxaru na figal,
blincandu de rama en rama,
non para de picar figos
llimpiando´l picu col ala.

Amarraes al pesebre
muxen la vaca y la xata;
mientres que´l perru xugandu
sube al horru, gufa y lladra,
y pa facese´l graciosu
cuerre detrás de la gata.

El mozu que madrugó
a segar un carru vianda,
allevántase del suelu
de cabruñar la gadaña.

Cuelga´l zapicu del cintu,
va´n busca la garabata
y baxa camín del prau
cantando allegre tonada.

Güele a oriéganu del monte
y a moñicaes de vaca.
A herba puesta´l atechu
del teyau de la tenada;
y a manzanes que maduren
dientru de la pumarada.

Oise, no se sabe onde,
el sosurrar d´una gaita,
tan sele y embruxaora,
con tal saber manexada,
que mialma paez que foise
un ánxel quian la tocara.

Quiciaves seya na fonte
entre´l mermurio del agua
y la que la fai sonar
dalguna xana encantada.

Vase la vieya pa misa
de la capilla aldeana,
onde´l sacristán del pueblu
fexu sonar la campana
al ver llegar el primer
rayiquín de la mañana.

El vieyu que dispertó
por non dexai dormir ´l asma
fai tiempo que tá sentau,
chandu´n pitu, n´antoxana,
sentau nun cepu de roble
onde hai un hacha espetada.

Alborótense les pites
porque´l gallu en so xarana
anda corriendu tras d´elles
arrastrándoyos el ala.

Y elles, por demás allegres,
a gustu con tal xarana,
armen tan gran alborotu
que´l vieyu, olvidando ´l asma,
dayos enriba del llombu
col mangu la garabata.

Dispués ya entama´l traxín
de les llabores de casa;
el facer de cada día
de la xente de llabranza.

Y aonque´l sol sigue nel cielu
non ye´l del riscar del alba,
el qu´entraba selemente,
en sin vergüenza a la cama
onde la moza durmía
en tantenes que soñaba
col mozu que toviera
po la noche na´sfoyaza.

Lo que venía a dar motivu
qu´acabara l´alboriada
que trixera de consigu
el ñacer de la mañana.


Bernardo Guardado Rodríguez (1913-1982)


Nota: La publicación de hoy es un homenaje a estos dos entrañables asturianos, el polifacético Alfonso Iglesias y el poeta Bernardo Guardado. Agradezco a las familias de ambos el permiso para poder publicar cuadro y poema.

domingo, 10 de octubre de 2010

Sol amigo


Van Gohg (1853-1890)


¿Y tú qué dices, amigo?
Tanta fanfarria en el mundo.
Sin tí, ¿qué campo es fecundo?
Sin tí, ¿quién madura el trigo?
El monarca y el mendigo
se animan con tu fulgor;
se abre en perfumes la flor,
se iluminan tierra y cielo
y el ala retorna al vuelo
cuando tú le das calor.


Alfonso Camin (1890-1982)

domingo, 26 de septiembre de 2010

Llamada


Alberto Morago (1957- )


Sentí la aldaba batir
contra la puerta.
Di licencia al amor
para que entrara
esperando inundara
mi estancia de los frutos
maduros del verano.
Fui a abrirle presurosa
la cancela,
¡No era él! era el aire
quien llamaba.
Y no me fue aquel viento
muy propicio.
¡Sólo trajo del campo,
la hojarasca!

sábado, 18 de septiembre de 2010

Oleajes


Paul Dougherty (1877-1947)


Como oleajes huraños,
deshechos sobre la roca,
pasan en carrera loca
sobre mi vida los años.
Como los viejos castaños,
firmes de tronco y ramajes;
como entre espumas salvajes
la roca heroica y erguida,
como esa roca es mi vida.
No importan los oleajes.


Alfonso Camín (1890-1982)

domingo, 12 de septiembre de 2010

Bosque


William Bliss Baker (1859-1886)


Sólo el rumor de ramas agitadas
ligeramente por el aire suave,
del aleteo súbito de un ave,
de la lluvia en las hojas agostadas.

Lo demás es silencio. Aletargadas
en los troncos las tablas de la nave,
las traviesas del tren, la viga clave,
la toza reventando en llamaradas.

A golpes de hacha, con vaivén de sierra,
saldrá del sueño, yacerá en la tierra,
y adoptará mil vidas sin latidos.

Se habrá perdido una belleza verde
que sólo la raíz tal vez recuerde
en eclosión de tallos renacidos.


domingo, 5 de septiembre de 2010

Río Duero, río Duero...




Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja,
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.

Indiferente o cobarde
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.

Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.

Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.

Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.

Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada

sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.


Gerardo Diego (1896-1987)