domingo, 11 de septiembre de 2011

Poema de la despedida


Albert Lynch (1851-1912)



Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No se si me quisiste… no sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho…No sé si te amé poco.
Pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso con esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.


Jose Angel Buesa (1910-1982)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Velero de cuatro palos


Thomas Somerscales (1842-1927)


Velero de cuatro palos
quisiera tener ahora,
velero de cuatro palos
y ser el pirata Morgan.

De San Juan de Puerto Rico
trasladarme a La Española,
seguir por el mar Caribe
y asaltar La Habana moza.
Ser galán entre galanes
y bajo una luna en bodas,
llevarme, en vez de oro y plata,
mujeres, palmas y rosas.
Por Yucatán y Campeche
recorrer todas las costas
y raptarme en Acapulco
dieciocho rubias sajonas.
Recoger todas las perlas
por el mar de California
para ceñir las gargantas
de mis cautivas criollas.
Mar adentro, mar adentro,
llegar al mar de Colombia
y al recoger mis tesoros,
vengar a Juan de la Cosa.
Retornar a Tierra Firme,
seguido de viento y olas
y dar vida a la princesa
que amó Núñez de Balboa.
Volver después a La Habana,
devolverle a las hermosas
y no pedir más recate,
pues que amor se basta y sobra.

Velero de cuatro palos
quisiera tener ahora,
¡velero de cuatro palos
y ser el pirata Morgan!


Alfonso Camín (1890-1982)

domingo, 31 de julio de 2011

domingo, 24 de julio de 2011

Enfado


Santiago Rusiñol (1861-1931)


Silencio entre los dos, sólo alterado
por este respirar entrecortado
que en su tensión nerviosa nos delata,
somos un bergantín y una fragata
que al grito de abordaje han encallado.

Un “hazte más allá”, y un gesto airado,
hoy alza entre los dos muro de enfado
y nos cuesta decir “cuanto lo siento”
sin perder la razón en el intento
de aclarar simplemente que ha pasado.

No sabemos ceder, no soportamos
dar el brazo a torcer, decir que erramos,
que volverá a pasar, que es convivencia,
que más que el perdonar duele la ausencia,
que el muro con amor, lo derribamos.

Estoy en mi rincón y tú en el tuyo,
muy pendientes los dos, porque lo intuyo,
de no perder jamás la compostura,
ni dejarnos llevar por la cordura
de que venza el amor y no el orgullo.


domingo, 17 de julio de 2011

Volverán las oscuras golondrinas


Aurelio Tolosa y Alsina (1861-1938)


Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban,
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
esas…¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate:
¡así no te querrán!


Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

domingo, 10 de julio de 2011

Hablemos


Ramón Casas (1866-1932)


Si quieres nos sentamos un momento
delante de un café sin amarguras
y hablamos evitando las posturas
que fueron del amor impedimento.

Conversemos así, sin más intento
que no abrir al rencor nuevas fisuras,
ni repartirnos culpas de rupturas
que hicieron naufragar el casamiento.

Tú tienes tu vivir y yo he podido
arrancarme la daga de tristeza
que clavara en mi suerte tan mal paso.

Hablemos sin reproches de lo ido,
pues bulle en mi interior la cruel certeza
de conocer la causa del fracaso.

Hicimos de hablar un bien escaso.


domingo, 3 de julio de 2011

Rostros del recuerdo


William Hogarth (1697-1764)


Voy perdiendo los nombres y las fechas,
pero los rostros permanecen vivos;
los contemplo, me observan, aún cautivos
de memorias que van quedando estrechas.

Maduraron en fértiles cosechas,
colmando mis graneros, y hoy, furtivos,
desde su sombra atisban mis cultivos,
poblando mis parcelas de sospechas.

Forman un club privado, y el recelo
corre a su propio afecto paralelo,
reclamando cada uno preferencia.

Pero todos me escuchan y me acatan.
Si llega un nuevo miembro, se aclimatan,
Viven en paz, y aprenden coexistencia.


domingo, 26 de junio de 2011

La ciega


Susana Rojas Torres (1933-2009)


¡Todo es noche, noche oscura!
Ya no veo la hermosura
de la luna refulgente;
del astro resplandeciente
tan sólo siento calor.
No hay nubes que el cielo dora:
ya no hay alba, no ha aurora
de blanco y rojo color.
Ya no es bello el firmamento:
ya no tienen lucimiento
las estrellas en el cielo
-todo cubre un negro velo-,
ni el día tiene esplendor.
No hay matices, no hay colores;
ya no hay plantas, ya no hay flores
ni el campo tiene verdor.
Ya no gozo la belleza
que ofrece Naturaleza,
lo que al mundo adorna y viste;
todo es noche, noche triste
de confusión y pavor.
Doquier miro, doquier piso,
nada encuentro, y no diviso
más que lobreguez y horror.
Pobre ciega, desgraciada,
flor en su abril marchitada,
¿qué soy yo sobre la tierra?
Arca do tristeza encierra
su más tremendo amargor;
y mi corazón enjuto
cubierto de negro luto,
es el trono del dolor.
En mitad de su carrera,
cuando más luciente era,
de mi vida el astro hermoso,
en eclipse tenebroso
por siempre se oscureció.
De mi juventud lozana,
la primavera temprana
en invierno se trocó.
Mil placeres halagüeños,
bellos días y risueños,
el porvenir me pintaba,
y seductor me mostraba
por un prisma encantador.
Las ilusiones volaron,
y en mi alma sólo quedaron
la amargura y el dolor.
Cual cautivo desgraciado
que se mira condenado
en su juventud florida
a pasar toda su vida
en una horrenda prisión;
tal me veo; de igual suerte,
sólo espero que la muerte
de mí tendrá compasión.
Agotada mi esperanza,
ya ningún remedio alcanza
ni una sombra de delicia
a mi existencia acaricia;
mis goces son el sufrir;
y, en medio de esta desdicha,
sólo me queda una dicha,
y es la dicha de morir.


María Josefa Mujía (1820-1888)

domingo, 19 de junio de 2011

Bel-la, cinco meses


Georges Stubbs (1724-1806)


Ah, la dulzura en flor de esta gatita,
vertiéndose en maullido y ronroneo,
y su perseverante jugueteo,
que sólo apremio de dormir limita.

No es ya la exigua forma circunscrita
al hueco de mis manos; hoy la veo
adolescente casi, y me recreo
en cuanto la provoca o ejercita.

Bien por valentonada o travesura,
se tenderá en el punto de lectura,
o de otra actividad, sobre la mesa.

Y su rostro bribón semidormido
conseguirá que nada esté prohibido
a quien con tanta exquisitez se expresa.


domingo, 12 de junio de 2011

La rueca


Katherine D.M. Bywater


La virgen hilaba,
la dueña domía,
la rueca giraba
loca de alegría.

¡Cordero divino,
tus blancos vellones
no igualan al lino
de mis ilusiones!

Gira, rueca mía,
gira, gira al viento,
que se acerca el día
de mi casamiento.

Gira, que mañana
cuando al alba cante
la clara campana,
llegará mi amante.

Hila con cuidado
mi velo de nieve,
que vendrá el amado
que al altar me lleve.

Se acerca: le siento
cruzar la llanura,
me trae la ternura
de su voz el viento.

Gira, gira, gira,
gira, rueca loca,
mi amado suspira
por besar mi boca.

¡Cordero divino,
tus blancos vellones,
no igualan al lino
de mis ilusiones!

La niña cantaba,
la dueña dormía,
la luz se apagaba
y sólo se oía
la voz crepitante
de leña reseca
y el loco y constante
girar de la rueca.


Francisco Villaespesa (1877-1936)