domingo, 2 de octubre de 2011

Hombre de camino


Gustave Caillebotte (1848-1894)


Ni castillo, ni hogar, ni residencia;
soy hombre de camino.
No solitario, aun cuando en ocasiones
nadie venga conmigo.
Amo la compañía, si apropiada;
por convicción, jamás por compromiso.
Aborrezco la táctica, el proyecto,
por todo lo que tienen de ficticio,
y sólo a lo informal, lo inesperado,
tiendo la mano, me encomiendo y vibro.
Rechazo el sí que encubre sus intentos
bajo disfraz de no, recurso indigno.
Mis juegos son de cartas descubiertas,
palabra franca, sin enfoque ambiguo.
A flor de piel se me desborda el alma,
y la desnudo frente al juego limpio.
Los años me han lavado
de acosos y prejuicios.
Mi compañera debe ser directa,
flecha en la diana, intento rectilíneo.
Mas no todas lo entienden,
perdiéndose en grotescos laberintos.
Por eso en mi sendero,
que no va a parte alguna, yo, encendido,
quemo lo que me resta de la vida;
podré ir solo, mas nunca fugitivo
de sombras, de temores,
de desfallecimientos, o de olvidos.
No miro atrás, que no es recuperable;
ni adelante tampoco, vaticinios.
Donde mi pie descalzo deja huella,
ese es el mundo que me abraza y vivo.
No tengo tiempo que perder, soy dueño
de un instante no más. ¿Vienes conmigo?



domingo, 25 de septiembre de 2011

Soneto enamorado


James Eddie (1916-2002)


Dulce como el arroyo soñoliento,
mansa como la lluvia distraída,
pura como la rosa florecida
y próxima y lejana como el viento.

Esta mujer que siente lo que siento
y está sangrando por mi propia herida,
tiene la forma justa de mi vida
y la medida de mi pensamiento.

Cuando me quejo, es ella mi querella;
y cuando callo, mi silencio es ella;
y cuando canto, es ella mi canción.

Cuando confío, es ella la confianza;
y cuando espero, es ella la esperanza;
y cuando vivo, es ella el corazón.

Francisco Luis Bernárdez (1900-1978)

domingo, 18 de septiembre de 2011

El acordeón del marino


Elena Kudryashova (1971- )


En el brazo el acordeón,
canta alegre el marinero:
-El mar es mi compañero,
el mar tiene corazón.
Me acompaña en la canción
con un hondo sollozar;
si suelo desembarcar
con el acordeón al brazo,
cuando a mi novia me abrazo,
parece que abrazo al mar.

Alfonso Camín (1890-1982)

domingo, 11 de septiembre de 2011

Poema de la despedida


Albert Lynch (1851-1912)



Te digo adiós, y acaso te quiero todavía.
Quizás no he de olvidarte, pero te digo adiós.
No se si me quisiste… no sé si te quería…
O tal vez nos quisimos demasiado los dos.

Este cariño triste, y apasionado, y loco,
me lo sembré en el alma para quererte a ti.
No sé si te amé mucho…No sé si te amé poco.
Pero sí sé que nunca volveré a amar así.

Me queda tu sonrisa dormida en mi recuerdo,
y el corazón me dice que no te olvidaré;
pero, al quedarme solo, sabiendo que te pierdo,
tal vez empiezo a amarte como jamás te amé.

Te digo adiós, y acaso con esta despedida
mi más hermoso sueño muere dentro de mí…
Pero te digo adiós para toda la vida,
aunque toda la vida siga pensando en ti.


Jose Angel Buesa (1910-1982)

domingo, 4 de septiembre de 2011

Velero de cuatro palos


Thomas Somerscales (1842-1927)


Velero de cuatro palos
quisiera tener ahora,
velero de cuatro palos
y ser el pirata Morgan.

De San Juan de Puerto Rico
trasladarme a La Española,
seguir por el mar Caribe
y asaltar La Habana moza.
Ser galán entre galanes
y bajo una luna en bodas,
llevarme, en vez de oro y plata,
mujeres, palmas y rosas.
Por Yucatán y Campeche
recorrer todas las costas
y raptarme en Acapulco
dieciocho rubias sajonas.
Recoger todas las perlas
por el mar de California
para ceñir las gargantas
de mis cautivas criollas.
Mar adentro, mar adentro,
llegar al mar de Colombia
y al recoger mis tesoros,
vengar a Juan de la Cosa.
Retornar a Tierra Firme,
seguido de viento y olas
y dar vida a la princesa
que amó Núñez de Balboa.
Volver después a La Habana,
devolverle a las hermosas
y no pedir más recate,
pues que amor se basta y sobra.

Velero de cuatro palos
quisiera tener ahora,
¡velero de cuatro palos
y ser el pirata Morgan!


Alfonso Camín (1890-1982)

domingo, 31 de julio de 2011

domingo, 24 de julio de 2011

Enfado


Santiago Rusiñol (1861-1931)


Silencio entre los dos, sólo alterado
por este respirar entrecortado
que en su tensión nerviosa nos delata,
somos un bergantín y una fragata
que al grito de abordaje han encallado.

Un “hazte más allá”, y un gesto airado,
hoy alza entre los dos muro de enfado
y nos cuesta decir “cuanto lo siento”
sin perder la razón en el intento
de aclarar simplemente que ha pasado.

No sabemos ceder, no soportamos
dar el brazo a torcer, decir que erramos,
que volverá a pasar, que es convivencia,
que más que el perdonar duele la ausencia,
que el muro con amor, lo derribamos.

Estoy en mi rincón y tú en el tuyo,
muy pendientes los dos, porque lo intuyo,
de no perder jamás la compostura,
ni dejarnos llevar por la cordura
de que venza el amor y no el orgullo.


domingo, 17 de julio de 2011

Volverán las oscuras golondrinas


Aurelio Tolosa y Alsina (1861-1938)


Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán;
pero aquellas que el vuelo refrenaban,
tu hermosura y mi dicha al contemplar;
aquellas que aprendieron nuestros nombres,
esas… ¡no volverán!

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde, aún más hermosas,
sus flores se abrirán;
pero aquellas cuajadas de rocío,
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer, como lágrimas del día…
esas…¡no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón, de su profundo sueño
tal vez despertará;
pero mudo y absorto y de rodillas,
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido…, desengáñate:
¡así no te querrán!


Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870)

domingo, 10 de julio de 2011

Hablemos


Ramón Casas (1866-1932)


Si quieres nos sentamos un momento
delante de un café sin amarguras
y hablamos evitando las posturas
que fueron del amor impedimento.

Conversemos así, sin más intento
que no abrir al rencor nuevas fisuras,
ni repartirnos culpas de rupturas
que hicieron naufragar el casamiento.

Tú tienes tu vivir y yo he podido
arrancarme la daga de tristeza
que clavara en mi suerte tan mal paso.

Hablemos sin reproches de lo ido,
pues bulle en mi interior la cruel certeza
de conocer la causa del fracaso.

Hicimos de hablar un bien escaso.


domingo, 3 de julio de 2011

Rostros del recuerdo


William Hogarth (1697-1764)


Voy perdiendo los nombres y las fechas,
pero los rostros permanecen vivos;
los contemplo, me observan, aún cautivos
de memorias que van quedando estrechas.

Maduraron en fértiles cosechas,
colmando mis graneros, y hoy, furtivos,
desde su sombra atisban mis cultivos,
poblando mis parcelas de sospechas.

Forman un club privado, y el recelo
corre a su propio afecto paralelo,
reclamando cada uno preferencia.

Pero todos me escuchan y me acatan.
Si llega un nuevo miembro, se aclimatan,
Viven en paz, y aprenden coexistencia.