martes, 29 de noviembre de 2011

Ícaro


Jacob Peter Gowy (1615-1661)


Con Ícaro, de Creta se escapaba
Dédalo, y ya las alas extendía,
y al hijo, que volando le seguía,
con amor paternal amonestaba:

que si el vuelo más alto levantaba,
la cera con el sol se desharía,
y en el mismo peligro le pondría
el agua y su vapor, si más bajaba.

Mas el soberbio mozo, y poco experto,
enderezóse luego al alto cielo
y, ablandada la cera en el altura,

perdió las alas y, en el aire muerto,
recibiéndole el mar del alto vuelo,
por el nombre le dio la sepultura.


Hernando de Acuña (1518-1580)

domingo, 27 de noviembre de 2011

A una dama que iva cubierta


Alexander Roslin (1718-1793)


El coraçón se me fue
donde vuestro vulto vi
e luego vos conocí
al punto que vos miré;
que no pudo fazer tanto,
por mucho que vos cubriese,
aquel vuestro negro manto,
que no vos reconosçiese.

Que debaxo se mostrava
vuestra graçia y gentil ayre,
y el cubrir con buen donayre
todo lo manifestava;
así que con mis enojos
e muy grande turbaçión
allá se fueron mis ojos
do tenía el coraçón.


Gómez Manrique (1412-1490)

domingo, 20 de noviembre de 2011

Cuando seamos viejos


Juan José Gárate (1870-1939)


Para salvar las noches en que estas enfadada,
y con estos diez años que te llevo de ventaja,
voy a obligarte niña a mirarme a la cara,
y hasta que te lo diga, que no me des la espalda.

Cuando seamos viejos vas a llorar con rabia
de verte en el espejo la cara tan cambiada,
se llenaran de arrugas tus risas de muchacha.

Será más insegura esta voz que hoy te manda.
Cuando seamos viejos no habrá tanta distancia,
sentirás menos miedo sabiéndome en tu cama.
Ya, ni discutiremos, no servirá de nada
te reñiré bajito lo que antes te chillaba.

Cuando seamos viejos, estarás mas cansada,
seremos compañeros, nos haremos mas falta,
cuando no esté contigo te notaras muy rara,
me encontraré perdido si un día nos separan

Cuando seamos viejos, veremos con nostalgia
sentados desde un banco, como la vida pasa,
yo hablando con alguno que no me entienda nada,
tu inventándote prisas para volver a casa.
Para salvar las noches que entonces serán largas,
y cuando mis diez años se vuelvan desventaja,
porque me falten fuerzas o a ti te falte gracia,
entonces niña vieja podrás darme la espalda.

Alberto Bourbón

domingo, 13 de noviembre de 2011

Permanece a mi lado


Josef Israel (1824-1911)


Permanece a mi lado cuando se apague la luz
y se arrastre la sangre y mis nervios se alteren
con punzadas dolientes y el corazón enfermo
y las ruedas de Ser giren lentamente.

Permanece a mi lado cuando a mi frágil cuerpo
le atormenten dolores que alcanzan la verdad
y el Tiempo maníaco siga esparciendo el polvo
y la furiosa Vida siga arrojando llamas.

Permanece a mi lado cuando mi fe se seque
y sean los hombres enjambres primaverales
que zumban y cantan y afianzan la vida
y sus minúsculas celdas tejen para la muerte.

Permanece a mi lado cuando vaya apagándome
y puedas señalarme el final de mi lucha
y el atardecer de los días eternos
en el bajo y oscuro borde de la vida.


Alfred Tennyson (1809-1892)

domingo, 6 de noviembre de 2011

A un clavel


Alberto Morago (1957- )


Ciudad de hormigón armado,
bencina y llantas de goma,
¿qué haces aquí con tu aroma,
dime, clavel encarnado?
Quizás como yo, extraviado
desde el terrón a la Corte,
pienses, perdido tu norte,
que en la ciudad del mal gusto
no hay un ojal ni hay un busto
digno de lucir tu porte.

Alfonso Camín (1890-1982)

domingo, 30 de octubre de 2011

Alma perdida


Rusty Harden


¡Durante toda la noche el ruiseñor lloró,
gimió, rezó, gritó perdidamente!
alma de ruiseñor, alma de gente,
¡tú eres, tal vez, alguien que falleció!

Tú eres, tal vez, un sueño que pasó,
que se fundió en el dolor, dulcemente…
¡Tal vez seas el alma, alma doliente
de alguien que quiso amar y nunca amó!

Toda la noche lloraste…y yo también lloré
quizás porque, al oírte, adiviné
¡que nadie hay más triste que nosotros dos!

Dijiste tantas cosas a la noche calma,
¡que yo pensé que tú eras mi alma
que estuviese llorando perdida en tu voz!...


Florbela Espanca (1894-1930)

domingo, 23 de octubre de 2011

La cita


Virgil Elliott (1944- )


En la noche brillaban las estrellas
enmarcando una luna muy redonda,
que orgullosa veía, muy oronda,
mostrándose feliz de estar con ellas.

Me pregunté si vives en aquellas,
si sabré descubrir cual es tu onda,
y se que lo sabré, aunque te esconda
todo ese firmamento en las más bellas.

Porque escucho tu voz de madrugada,
sintiendo en tu sentir mi palpitar
que me dice que espere la alborada.

Y se que no me mientes, pues amar
significa creer, y aunque callada
mañana iré a tu encuentro junto al mar.


Sofía Martínez Avellaneda

domingo, 16 de octubre de 2011

Luto poético


Víctor Patricio Landaluce (1828-1889)


Por una negra señora
un negro galán doliente
negras lágrimas derrama
de un negro pecho que tiene.

Hablóla una negra noche,
y tan negra, que parece
que de su negra pasión
el negro luto le viene.

Lleva una negra guitarra,
negras las cuerdas que tiene,
negras también las clavijas,
pues negro es el que las tuerce.

- “Negras pascuas me de Dios,
si más negros no me tienen
los negros amores tuyos
que el negro color de allende.

Un negro favor te pido,
si negros favores vendes,
y si con negros favores
un negro pagarse debe”

La negra señora entonces,
entafada del negrete,
con estas negras razones
al galán negro entristece:

- “Vaya muy en hora negra
el negro que tal pretende,
que para galanes negros
se hicieron negros desdenes.”

El negro señor entonces,
no queriendo ennegrecerse
más de lo negro, quitóse
el negro sombrero y fuese.


Luis de Góngora (1561-1627)

domingo, 9 de octubre de 2011

¡Ay, viento!


Jean Baptiste Camille Corot (1796-1875)


Pasa el viento en un agrio carcajear
y áspero pasa y pasa cual demente,
y está mi alma trágica y doliente,
no sabe si reír o si llorar.

Viento de triste voz, viento gimiente,
viento que de mí ríes sin cesar,
y que ríes del mundo y del mar.
¡Cómo tu voz tortura así a la gente!.

Es mejor que tú llores, pobre amigo,
y que desahogues tu dolor conmigo.
No rías, pues, que el viento da sus llantos.

¡Qué bien conozco, amigo, esa tu suerte:
tener el pecho frío cual la muerte,
y en torno nuestro oír risas y cantos!.


Florbela Espanca (1894-1930)

domingo, 2 de octubre de 2011

Hombre de camino


Gustave Caillebotte (1848-1894)


Ni castillo, ni hogar, ni residencia;
soy hombre de camino.
No solitario, aun cuando en ocasiones
nadie venga conmigo.
Amo la compañía, si apropiada;
por convicción, jamás por compromiso.
Aborrezco la táctica, el proyecto,
por todo lo que tienen de ficticio,
y sólo a lo informal, lo inesperado,
tiendo la mano, me encomiendo y vibro.
Rechazo el sí que encubre sus intentos
bajo disfraz de no, recurso indigno.
Mis juegos son de cartas descubiertas,
palabra franca, sin enfoque ambiguo.
A flor de piel se me desborda el alma,
y la desnudo frente al juego limpio.
Los años me han lavado
de acosos y prejuicios.
Mi compañera debe ser directa,
flecha en la diana, intento rectilíneo.
Mas no todas lo entienden,
perdiéndose en grotescos laberintos.
Por eso en mi sendero,
que no va a parte alguna, yo, encendido,
quemo lo que me resta de la vida;
podré ir solo, mas nunca fugitivo
de sombras, de temores,
de desfallecimientos, o de olvidos.
No miro atrás, que no es recuperable;
ni adelante tampoco, vaticinios.
Donde mi pie descalzo deja huella,
ese es el mundo que me abraza y vivo.
No tengo tiempo que perder, soy dueño
de un instante no más. ¿Vienes conmigo?