¿Qué me inspira esta delicada melodía?
Me dejo llevar por la tranquilidad
que me suscita cada nota,
deslizándose en una danza de amor,
apaciguando mi alma inquieta.
Con un tripe salto mortal,
entra en escena una nueva explosión
de energía y color.
Picados, síncopas,
crescendos, diminuendos…
Cada una, llena de vida,
transmiten la emoción del pianista,
que, a través de caballos al galope
o silenciosas medusas,
pone música a sus pensamientos.
Pinta con su paleta de acuarelas
un lienza blanco,
transformando el agua en fuego:
déjate poseer por su embrujado hechizo.
Extinguiéndose poco a poco,
la melodía llega a su ocaso
para volver a renacer de nuevo
cuando lo desees,
sólo frota la lámpara mágica
y el pianista surgirá de nuevo.
Leyre López (1989- )
sábado, 28 de febrero de 2009
Pianista
sábado, 21 de febrero de 2009
A las estrellas
Vincent van Gogh (1853-1890)
Reina el silencio; fúlgidas en tanto,
luces de paz, purísimas estrellas,
de la noche feliz lámparas bellas,
bordáis con oro su luctuoso manto.
Duerme el placer, mas vela mi quebranto,
y rompen el silencio mis querellas,
volviendo el eco unísono con ellas,
de aves nocturnas el siniestro canto.
¡Estrellas, cuya luz modesta y pura
del mar duplica el azulado espejo!,
si a compasión os mueve la amargura
del intenso penar por que me quejo,
¿cómo, para aclarar mi noche oscura,
no tenéis ¡ay! ni un pálido reflejo?
Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873)
sábado, 14 de febrero de 2009
sábado, 7 de febrero de 2009
Ternura
Emile Munier (1840-1895)
Tengo ternura hasta para lo malo,
hasta para lo feo y en desorden,
una ternura abierta y solitaria
sin límites ni bordes.
-A ver, así, hijo mío. ¡Y le hablo al mundo
y le torno a mirar desencajada,
absorta en mi ternura!
Y a las piedras les digo, del camino,
que son mis hijas ellas.
Ellas, que nunca sienten,
que no recuerdan nunca y nunca olvidan.
Pero yo necesito acariciar aristas,
y arropar a las rosas con mi mano,
y palpar muchas frentes de cosas y animales
porque tengo ternura acumulada,
un triste desvivirse que me nace
de mis manos calientes, de mis ojos,
y miro al mundo cual si fuera un hijo
y le perdono faltas y lo visto
de esta luz que me sobra entre la sangre.
-Así, hijo mío, así…
¡La vida, el árbol,
la luz, la piedra, el pájaro, son míos!
Pilar Paz Pasamar (1933- )
sábado, 31 de enero de 2009
Desamparo
Huges Merle (1823-1881)
Sola, tan sola estaba, tan yacente
en su propio vacío y orfandades
como si un látigo de hostilidades
restallara en su espalda, o el tridente
de futuro, pretérito y presente
de un dios airado alzara tempestades
y clavara en el alma realidades
que ni vivió ni soñará su mente.
Fue un día gris, y aunque ya estaba sola,
no previó el rizo enorme de la ola
del desamparo, abrazo de granito.
Tendió la mano recabando ayuda,
mas nadie la apresó; glacial o muda
fue la respuesta a su angustiado grito.
domingo, 18 de enero de 2009
Nociones de atuendo
Charles Courtney Curran (1861-1942)
Para que el paso de la nube
fuera leve como la lluvia,
estás hecha para las mañanas
y la soledad de tus cosas,
del amor en labores
de siembra
y resurrección.
Festejas los imperios del viento
como si de un telar pudieran
nacerte, multiplicadas serpentinas de arco iris.
Ofrendas, con hebras del corazón
la hondura de los pétalos,
un cuenco
de ternuras en tiempo de adagio recostado.
De arpegios
encaminas al respiro, sobre el tapiz de los verdes,
derramando bendiciones de lavanda
en los atardeceres sin luz.
Mª Antonia Maroto Urones
sábado, 10 de enero de 2009
Manos
Qué espacio milagroso el de las manos:
aman tocan retienen presienten matan
siembran
abrazan edifican acarician valoran
miden cazan impiden
se desgastan
se cierran.
sábado, 3 de enero de 2009
Mujer
George Owen Wynne Apperley (1884-1960)
Los surcos de tu rostro,
regados por tu llanto,
son huellas de cosecha
que ya fructificó.
Tu pelo del color de la luna,
y que ayer fue dorado,
sigue dando su luz.
Tus pies, otra hora ligeros,
se arrastran por el suelo
sin perder su compás.
Esas manos que tiemblan
y que habían sido firmes,
acarician igual.
¿Por qué entonces te rindes?
Camina, continúa adelante,
no nos niegues tu fuerza,
deja que nos miremos
en ese claro espejo
de tu mundo interior.
sábado, 13 de diciembre de 2008
NAVIDAD
Qué güepu ye, qué preciosu,
qué devinu ye’l Dios nenu...
y naz nunes fríes payes
d’un portalucu mui vieyu.
Son dos soles los güeyinos
y dos roses los papiellos,
son d’oru los sos ricinos
y sos llabios tan bermeyos
qu’envidia dan a les flores
por nun ser nidies como ellos.
Qué güepu ye, qué preciosu
el Dios que se fexo nenu...
al velu temblar de frío
danme ganes de coyelu,
acoricalu en regazu
y da–y nos papinos besos
y cunta–y esos cuentinos
que gustin tanto a los nenos
mientres ciarra los güeyinos
y va quedando durmiendo.
¡Ay! Jesusín de mi vida,
tú que yes Dios de los cielos
sabes que ye de verdá
lo muncho que yo te quiero.
Mª El vira Castañón González (1922-1989)
domingo, 7 de diciembre de 2008
A un ruiseñor
Fragmento de un fresco de la casa Brazalete de oro, Pompeya.
Canta en la noche, canta en la mañana,
ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.
Teñido el cielo de amaranto y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.
Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.
Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo suave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.
José de Espronceda (1808-1842)
