domingo, 25 de julio de 2010
Al mar
domingo, 18 de julio de 2010
Balada
El pasó con otra;
yo le vi pasar.
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!.
El va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino;
pasa una canción.
¡Y él va amando a otra
por la tierra en flor!
El besó a la otra
a orillas del mar;
resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!
El irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiere callar.)
¡Y él irá con otra
por la eternidad!
domingo, 11 de julio de 2010
Me voy
Me voy leve, en silencio, como el atardecer,
poco a poco, sin prisas, en busca de tu ausencia,
arrastrando mi pena transformada en querencia
de ese amor sin retorno, anhelo del ayer.
Los recuerdos persisten, no se olvida el querer,
ni se olvida ese ansia convertida en demencia,
sin poder eludirla, presa de la conciencia,
no aceptando la causa, sabiendo sin saber.
Me perderé del todo, sin rastros y sin huellas,
fundida en la mañana desapareceré
pasando a formar parte del cielo y las estrellas.
Quizás en tus recuerdos por siempre viviré,
y si estás solo y triste me verás en aquellas,
cumpliéndose los sueños, el sueño que soñé.
Sofía Martínez Avellaneda
domingo, 4 de julio de 2010
El mar
Clarkson Stanfield (1793-1867)
El mar, el mar siempre ha sido
el que me quito el pesar;
siempre he olvidado en el mar
lo que en la tierra he sufrido.
Capitán: estoy herido
y a ver mi herida no acierto.
Me curo en el mar abierto,
voy un amor olvidando
y arribo después cantando
con otro amor a otro puerto
Alfonso Camín (1890-1982)
domingo, 27 de junio de 2010
La taza de Silesia
Walter Granville Smith (1870-1938)
En sus bordes los labios se detienen.
Es hermosa la taza,
con cenefa de rosas
y dorado filo.
Aromas de café, cantueso y menta, son más intensos,
porque la taza en honda.
La miro rosa a rosa,
y me produce gozo
el color y la forma;
el saber que otros labios
han podido apreciar este refugio,
que otros ojos se han deleitado.
Sobre la mesa no es un objeto más,
no es el adorno.
Lleva tras sí miradas,
manos
labios.
Quizás un último suspiro,
un último sorbo,
o el hastío de las tardes.
Dionisia García (1929- )
domingo, 20 de junio de 2010
Désir de rivage (El deseo de la orilla)
Peder Severin Kroyer (1851-1909)
El aire es una pluma plateada
que silenciosa pincela
en la calma flotante
el deseo de la orilla.
Qué delicadamente se vacían
las huellas en la arena….
¿Qué adónde van Anna y Marie?
Grávidas de poder secreto pasean
embebidas de mar y de cielo
hacia un horizonte limpio
de zafiros transparentes.
Atrás queda el bullicio apacible
en el pueblo de casitas amarillas,
como siluetas de sal avanzan
al recreo de una luz atardecida y vagarosa
ribeteando con sus faldas la lengua de arena.
Y con el primor que usaba la belleza
revelan en la cintura sus lazos,
la fraternal sustancia
de sus confidencias.
Mª Antonia Maroto Urones
domingo, 13 de junio de 2010
Oración
Alexander Andreevich Ivanov (1806-1858)
Perdóname Señor por mi pecado
de amar mucho, sin tino, sin recato,
Tu dictamen, humilde, siempre acato,
mas por favor acógeme a Tu lado.
Quiero marchar a ti, lo he meditado
pues no soporto más este mandato,
desánimo cruel en que me abato,
sólo quiero morir, triste mi hado.
Si decido marchar, perdóname,
mas no puedo seguir en mi amargura,
en mi desgracia cruel, acógeme.
Yo supe del amor, de su locura,
y loca me volví, entiéndeme,
una loca no sabe de cordura.
Sofía Martínez Avellaneda
domingo, 6 de junio de 2010
Balada a Norma Jean
Ricardo Asensio (1949- )
Rubia como la luz te descubrimos
un día, Norma Jean, y eras la luz.
Cuerpo desnudo en la más pura desnudez.
Los ojos azules, tan azules, de niña abandonada.
Pobre, pequeña Norma, tan sencilla,
como una rebanada de pan recién cocido,
como un vaso de leche dulce y tibia,
con tu risa de flor y limonada.
Creciste pobre y bella, e ignorante.
Para nuestro recreo y para tu desgracia.
Te desnudaron aún más, hasta la última
piel, sinceramente tuya, pura y cálida.
Te pusieron un nombre nuevo, una nueva risa,
diferente a la tuya, limpia y clara.
En tus suaves labios, pintados de granate,
la voz sonaba falsa.
Te cubrieron de pieles, de ceñidos vestidos,
Chanel nº 5, satén y muselinas.
Visiones y ambiciones de pequeña estarlet.
Pobre, pequeña , dulce Norma Jean,
detrás de toda aquella mentira luminosa
te estaban enterrando.
Nosotros te mirábamos en la pantalla grande.
Hermosa, tan hermosa, como una rosa extraña.
Reías y cantabas y movías el cuerpo
como te habían dicho que lo hicieras.
Mas todo era un engaño.
Tú eras más verdadera en tu belleza
con tu rostro desnudo de maquillaje y sombras,
con tu cuerpo de niña que creció demasiado.
Te descubrimos tarde, ay, demasiado tarde.
(Sólo el cabello rubio, bajo la tela blanca),
y ese día, estremecidos y sin voz lloramos,
oh dulce Norma Jean, y rogamos por ti.
Pino Betancor (1928-2003)
domingo, 30 de mayo de 2010
Caminos
Yo soñé un día caminos,
caminos de libertad.
Soñé caminos muy largos
donde poder caminar.
Recorrí algunos caminos
y encontré la soledad,
más no cejé en el empeño
y cogí otros para andar.
Recorrí dichos caminos
para empezar a buscar,
más no hallé lo que buscaba,
que era mi felicidad.
Fue al final de otro camino
que una voz me dijo sin más:
“No existen ya más caminos
para quien no quiere andar”.
Yo soñé un día caminos,
buscando algo más allá
y me encontré a mi mismo
camino de la verdad.
Patricio Nájera (1953- )
domingo, 23 de mayo de 2010
Estas cuatro paredes
Wilhelm Hammershoi (1864-1916)
Estas cuatro paredes
me envuelven blandamente, como un lienzo
tejido con espumas,
en las noches de cálidos recuerdos.
Por sus poros inertes
de ladrillo y cemento,
penetran las pupilas de la luna.
Y me miran, rozándome,
sus destellos de luz, nevadas plumas.
Por la espiral de plata de un anhelo,
intangibles imágenes descienden
y trenzan con mis sueños largas danzas.
Esas cuatro paredes me conocen,
más, mejor que yo misma.
Saturadas están de pensamientos,
de risas y de lágrimas.
Como la madreselva, perfumadas
intensamente, con mi propio aliento.
Empapadas del eco de mi voz
como una tierra fértil,
después de haber gustado largamente
húmedos pedacitos de las nubes.
Alimentadas con el pan constante
de mi presencia, alma,
y mi presencia, cuerpo,
palpitan en su carne muda y fría,
horas largas y azules de mis noches
pedazos de mis días.
Cristina Lacasa (1929- )
