
Diego Estébanez
Hoy tarde de domingo silenciosa
estoy sentada aquí de cara al cielo,
con la vida fluyéndome despacio
y tu ausencia en las manos hecha verso.
Las gentes se han marchado. Sí, las gentes
con trajes de domingo, con sonrisas
de domingo también y en la ventana
de esta calle sin luz yo sola quedo.
Te me vienes al alma en esta espera
consciente acaso de tu largo vuelo,
te derramas por dentro de mi sangre
aflorando a mis labios como un beso.
Estoy sola esta tarde de domingo
cuando todos se han ido, miro al cielo
y a mi sedienta soledad te traigo
inmaterial, inconfundible, eterno.
13 comentarios:
Sí, las tardes de domingos se prestan como ningunas a la añoranza de aquello que aún se desea y hace tiempo se perdió.
Ay, las tardes de domingo...
Hermoso poema. me ha encantado. Te felicito Senior
Besos a repartir
Me gusta la combinación de la pintura, la poesía y en este ocasión, la realidad, ya es tarde de domingo.
Me ha encantado, la poesía de este señor Citizen, que por cierto me suena de algo.
TriniReina – Tienes razón, las tardes de domingo se prestan a la añoranza quizás porque no existe el ajetreo que uno tiene las tardes de semana.
Unjubilado – :-) Fíjese bien señor Unjubilado, dice el poema:
Estoy sola esta tarde de domingo por lo tanto no es un poeta, si no una poeta y además creo que usted la conoce, haga memoria.
Estoy sola esta tarde de domingo, pensaba que el Señor se refería a que la poesía se quedaba sola.
Gracias, TriniReina, y tú, Jubi, menos guasa que ya nos conocemos hace tiempo.
Algaire y Senior Citizen, perdonarme, visto ahora, observo que me he pasado un poco con la broma.
Lo siento
Muy hermoso el poema y de acuerdo con la pintura. Abrazos
Unjubilado – :-) Queda usted perdonado y sepa que incluso en la pintura y la poesía se admiten bromas, no tiene por que ser esto un lugar aburrido.
Ligia – Procuro traer siempre poemas bellos y encontrarles un buen acompañante de viaje.
Digo lo mismo que Algaire, que no hay por qué disculparse. Estamos entre amigos y las bromas son bien acogidas.
La melancolía invade el poema como si el recuerdo pendiera del silencio que hay en la tarde de los domingos frente al bullicio semanal que nos ahoga.
Bueno y placentera su lectura, como siempre .
Un abrazo de A.Dulac
A.Dulac - Las tardes de los domingos suelen ser bastante melancólicas, quizás porque se rompe la rutina diaria y eso nos deja más tiempo para meditar.
Escribí ese poema en 1956 y en aquella época el domingo -mañana y tarde- era cuando la gente salía, iba a los bares o al cine. Ahora la fiesta se ha trasladado más al sábado o al viernes.
Senior Citizen - Tienes razón, antes los domingos eran los días dedicados al descanso y la diversión, ahora ya empiezan casi en mitad de semana.
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